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lunes, 17 de diciembre de 2012

Los problemas que inventamos...

EL VIAJERO SEDIENTO

Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. 
Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa. 
Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. 
El tren proseguía su marcha cuando transcurridos unos minutos, los viajeros empezaron a conciliar el sueño. 
Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. 
De repente, empezó a escucharse una voz que decía: 
-¡Ay..., qué sed tengo...! ¡Ay..., qué sed tengo...! 
Así una y otra vez, insistente y monótonamente. 
Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. 
Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. 
El hombre sediento bebió con avidez el agua.
Todos se echaron de nuevo y otra vez se apagó la luz. 
Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. 
Transcurrieron unos minutos y..., de repente..., la misma voz de antes comenzó a decir: 
-¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!

Cuento de la India


viernes, 14 de diciembre de 2012

Lo que ve el miedo...


SÓLO SE NECESITA MIEDO 

Había un rey de corazón puro y muy interesado por la búsqueda espiritual. A menudo se hacía visitar por yoguis y maestros místicos que pudieran proporcionarle prescripciones y métodos para su evolución interna. Le llegaron noticias de un asceta muy sospechoso y entonces decidió hacerlo llamar para ponerlo a prueba. 

El asceta se presentó ante el monarca, y éste, sin demora, le dijo: 

-¡O demuestras que eres un renunciante auténtico o te haré ahorcar! 

El asceta dijo: 

-Majestad, os juro y aseguro que tengo visiones muy extrañas y sobrenaturales. Veo un ave dorada en el cielo y demonios bajo la tierra. 

-!Ahora mismo los estoy viendo! ¡Sí, ahora mismo! 

-¿Cómo es posible -inquirió el rey- que a través de estos espesos muros puedas ver lo que dices en el cielo y bajo tierra? 

Y el asceta repuso: 

-Sólo se necesita miedo. 

101 Cuentos Clásicos de la India (Recop Ramiro Calle)




jueves, 11 de octubre de 2012

Las apariencias...

LA RATITA PRESUMIDA

Érase una vez que se era, una rata muy trabajadora, que tenía por hija una ratita muy presumida, a la que le gustaba pasarse el día estirándose los bigotes y tostándose al sol.

Un día, la rata, mientras volvía de trabajar, se encontró en el suelo un objeto muy brillante. ¡Era una moneda de oro! Con ella podría hacer tantas cosas…

Pero como lo que más le importaba en el mundo a la rata era su pequeña ratita, decidió darle esa moneda de oro a su hija:

- Esta moneda es para ti. Con ella podrás comprar lo que desees para convertirte en una ratita de provecho.

Cuando la ratita presumida recibió aquella moneda, se fue contenta al mercado del pueblo y a pesar del consejo de su madre, en vez de invertir ese dinero en un buen negocio, se compró la mejor cinta del mercado para hacerse con ella un buen lazo, que se colocó en la colita.

- ¡Mira que elegante estoy! Con este lacito todo el mundo me admirará y querrá hacer negocios conmigo.

Y es verdad que todo el mundo se quedó asombrado al ver a la ratita con su lacito rojo. ¡Parecía toda una ratita de mundo!

De camino a casa, la ratita presumida se cruzó con el gallo, que muy asombrado le preguntó.

- Justo eso es lo que estoy buscando: un poco de elegancia para mi granja. ¿Quieres trabajar conmigo?

La ratita presumida, satisfecha de que su plan hubiera funcionado, contestó.

- Depende, ¿tendré que levantarme muy pronto?

Cuando el gallo le contó cómo funcionaba la granja y como cada mañana se levantaba al amanecer, puso cara de horror:

- ¡Ni hablar! No me gusta madrugar.

Poco después se cruzó con un perro cazador. Cuando vio la ratita, tan elegante, pensó que sería una buena compañera para las cacerías. ¡Así tendría alguien con quien hablar!

- Pero ¿tendré que correr contigo por el campo persiguiendo conejos? Eso debe ser de lo más agotador. ¡Ni hablar!

Al ratito apareció por ahí un precioso gato blanco. Al igual que la ratita, aquel gato tenía los bigotes bien estirados, y la ratita enseguida se sintió interesado por él. Le contó que estaba buscando un trabajo y le preguntó si podía colaborar con él.

- Claro que sí.

- Pero tu trabajo no será tan agotador como el del perro cazador.

- ¡Qué va! Yo no corro nunca demasiado, prefiero quedarme tumbado y que me hagan caricias.

Al oír aquello, la ratita abrió los ojos de par en par: ¡con lo que le gustaba a ella que le acariciaran la barriga! El gato también había abierto mucho los ojos y se acercaba cada vez más a la pequeña ratita.

- Pero, ¿no tendrás que madrugar mucho? Acabo de hablar con el gallo y tiene que despertarse prontísimo.

- ¡Qué va! Si me despierto pronto me doy la vuelta y sigo durmiendo.

La ratita cada vez estaba más contenta. Tan contenta estaba, que no se daba cuenta de lo cerca que estaba el gato (cada vez más y más) y de cómo se relamía de gusto. Cuando estaba a punto de aceptar ese nuevo trabajo, a la ratita presumida le entró una duda.

- Todo lo que me has contado está muy bien, pero ¿a qué te dedicas exactamente?

En ese momento, el gato se abalanzó hacia ella y gritó:

- ¡A cazar ratas y ratones como tú!

Cuando la ratita presumida se dio cuenta de las intenciones del gato era ya demasiado tarde. El enorme felino la tenía bien agarrado con sus uñas. Pero en ese momento, llegó el perro cazador, que había estado atento a la conversación y asustó al gato, que salió huyendo soltando a la ratita presumida. ¡Menos mal!

Cuando la ratita volvió a casa, todo el mundo en el bosque conocía su historia. También su mamá, que mitad aliviada, mitad enfadada, la recibió en casa.

- Todo te ha pasado por ser tan comodona y presumida – le reprendió la mamá – ¿cuándo te harás una ratita de provecho?

La ratita presumida no dijo nada. Había aprendido una buena lección…

Cuento popular H. C. Andersen

lunes, 27 de agosto de 2012

Hazlo por ti...


EL SENDERO DE LA VERDAD

... Merlín le recordó al caballero su nuevo propósito: liberarse de la armadura.
-¿Por qué molestarse? - preguntó el caballero ásperamente - a Julieta y a Cristóbal les daba igual si me la quito o no.
- Hacedlo por vos mismo - sugirió Merlín - El estar atrapado dentro de todo ese acero os ha causado muchos problemas, y las cosas empeorarán con el paso del tiempo. Incluso podríais morir a causa de una neumonía por culpa de una barba empapada.
- Supongo que sí, mi barba se ha convertido en un fastidio - replicó el caballero - Estoy cansado de cargar con ella y estoy harto de comer papillas. Ahora que lo pienso, ni siquiera me puedo rascar la espalda cuando me pica.
- ¿Y cuándo fue la última vez que sentisteis el calor de un beso, olisteis la fragancia de una flor, o escuchasteis una hermosa melodía sin que vuestra armadura se interpusiera entre vosotros?
- Ya ni me acuerdo - murmuró el caballero con tristeza - Tenéis razón, Merlín. Tengo que liberarme de esta armadura por mí mismo.
- No podéis continuar viviendo y pensando como lo habéis hecho hasta ahora - dijo Merlín - Fue así como os quedasteis atrapado en ese montón de acero al principio.
- Pero, ¿cómo puedo cambiar todo eso? - preguntó el caballero intranquilo.
- No es tan difícil como parece - explicó Merlín, conduciendo al caballero hacia un sendero - Éste es el sendero que seguisteis para llegar a estos bosques.
- Yo no seguí ningún sendero - dijo el caballero - ¡Estuve perdido durante meses!
- La gente no suele percibir el sendero por el que transita - replicó Merlín.
- ¿Queréis decir que el sendero estaba ahí pero yo no lo podía ver?
- Sí, y podéis regresar por el mismo, si así lo deseáis; pero conduce a la deshonestidad, la avaricia, el odio, los celos, el miedo y la ignorancia.
- ¿Estáis diciendo que yo soy todo eso? - preguntó el caballero indignado.
- En algunos momentos, sois alguna de esas cosas - admitió Merlín en voz baja.
El mago señaló hacia otro sendero. Era más estrecho que el primero y muy empinado.
- Parece una escalada difícil - observó el caballero.
-Ése - dijo Merlín asintiendo - es el Sendero de la Verdad. Se vuelve más empinado a medida que se acerca a la cima de una lejana montaña.
El caballero contempló el empinado camino sin entusiasmo.
- No estoy seguro de que valga la pena. ¿Qué conseguiré cuando llegue a la cima?
- Se trata de lo que no tendréis. - explicó Merlín - ¡Vuestra armadura!
El caballero reflexionó sobre esto. Si regresaba por el camino por el que había venido, no tendría esperanzas de liberarse de su armadura y, probablemente moriría de soledad y fatiga. La única manera de quitarse la armadura era, por lo visto, seguir el Sendero de la Verdad, aunque pudiese, en tal caso, morir intentando trepar hacia la empinada montaña.
El caballero observó el difícil sendero que tenía delante. Luego miró hacia abajo, y contempló el acero que cubría su cuerpo.
- Está bien - dijo con resignación - Probaré el Sendero de la Verdad.
Merlín asintió:
- Vuestra decisión de transitar un sendero desconocido, teniendo que cargar con una pesada armadura, requiere mucho coraje...

Robert Fisher. Fragmento de "El Caballero de la Armadura Oxidada"










sábado, 25 de agosto de 2012

Lo que tenemos nos lo ganamos...

EL REY Y LOS SABIOS
Dicen que había una vez un rey que quería pasar a la historia por haber acercado a todos la posibilidad de iluminarse.
Decidió entonces invitar a su palacio a los más importantes sabios, científicos y místicos del mundo.
Cuando todos estuvieron allí, les pidió que trabajaran juntos para escribir en un libro todo lo que sabían del mundo y que ellos consideraran fundamental para transmitirlo a las futuras generaciones.
Les pidió especialmente que descartaran todo lo nimio y conservaran sólo lo más importante.
Durante meses, los sabios trabajaron incansablemente, hasta que, casi al año de aquella primera reunión, buscaron al rey para entregarle la obra solicitada.
Era una colección de 140 tomos de 500 páginas cada uno, donde figuraba —según los sabios— todo lo que era importante saber en el mundo.
El rey dijo: No, no. Esta colección es muy importante, pero no se puede trasladar. Es demasiado extensa. Nadie llegaría a leerlo todo. Necesitamos abreviar. Por favor, sigan trabajando; saquen de estos conceptos los menos importantes y dejen sólo los principales.
Un año más les llevó a los notables resumir y achicar lo escrito.
Le presentaron entonces al rey un solo volumen de 2.000 páginas y críptico lenguaje.
No —dijo el rey otra vez—; la sabiduría tiene que quedar al alcance de cualquiera, no sólo de los iniciados. Por favor, trabajen todavía un poco más; saquen lo superfluo, resuman lo escrito, simplifiquen y aúnen las ideas.
Dos años tuvo aún que esperar el rey para obtener su resultado.
Un día, los notables lo citaron.
Estaban todos con cara de satisfechos.
Aquí está —dijo el más anciano—; éste es el resumen de todo lo que es imprescindible saber.
Y le entregaron al rey sólo una hoja de papel.
En ella había una sola frase:
No hay alimento gratis
Cuentos Jorge Bucay


miércoles, 22 de agosto de 2012

Reconoce las cualidades del otro, puedes aprender...

BLANCANIEVES

En un lugar muy muy lejano, vivía una hermosa princesa que se llamaba Blancanieves.
Vivía en un castillo con su madrastra, una mujer muy malvada y vanidosa que lo único que le preocupaba y que deseaba era ser la mujer más hermosa del reino.
Para estar segura de ello, todos los días, preguntaba a su espejo mágico quién era la más hermosa y bella del reino, a lo que el espejo contestaba:
- Tú eres la más hermosa de todas las mujeres, reina mía.
El tiempo fue pasando hasta que, un día, el espejo mágico contestó que la más bella del reino era Blancanieves.
La reina, llena de furia y de rabia, no daba crédito a lo que escuchaba y ordenó a un cazador que llevase a Blancanieves al bosque y que la matara. 
¡No podía soportar que alguien fuera mejor que ella!. 
Además, como prueba de su muerte,  le pidió al cazador que trajera su corazón en un cofre.
El cazador, sorprendido pero obedeciendo a su reina, llevó a Blancanieves al bosque. Cuando allí llegaron, sintió lástima de la joven y le aconsejó que se marchara muy lejos del castillo y, para engañar a la reina, llevó en el cofre el corazón de un jabalí.
Blancanieves, al verse sola, sintió mucho miedo porque tuvo que pasar la noche andando por la oscuridad del bosque. Ya al amanecer, descubrió una preciosa casita.
Entró sin pensarlo dos veces y observó que los muebles y objetos de la casita ¡eran pequeñísimos!.
Había siete platitos en la mesa, siete vasitos, siete camitas en la alcoba,... 
Blancanieves, cansada de sus andanzas, se acostó quedando profundamente dormida durante todo el día.
Al atardecer, llegaron los dueños de la casa. Eran siete enanitos que trabajaban en unas minas.
Al ver a la joven acostada en sus camitas se quedaron admirados al descubrir la belleza de Blancanieves.
Al despertar, ella les contó toda su triste historia y los enanitos la abrazaron y suplicaron a la niña que se quedase con ellos. 
Blancanieves aceptó y se quedó a vivir con ellos. Eran todos muy felices...
Mientras tanto..., en el castillo, la reina se puso otra vez muy muy furiosa al descubrir, a través de su espejo mágico, que Blancanieves todavía vivía y que aún era la más bella del reino. 
Llena de ira, rabia y vengativa, la cruel madrastra se disfrazó de una inocente viejecita y partió hacia la casita del bosque.
Allí, cuando Blancanieves estuvo sola, la malvada se acercó y haciéndose pasar por buena ofreció a la niña una manzana envenenada. 
Cuando Blancanieves dio el primer bocado, cayó desmayada, para felicidad de la reina mala; ya no tendría competencia y volvería a ser la más hermosa del reino.
Por la tarde, cuando los enanitos volvieron del trabajo, encontraron a Blancanieves tendida en el suelo, pálida y quieta, y creyeron que estaba muerta.
Tristes, los enanitos construyeron una urna de cristal para que todos los animalitos y seres del bosque pudiesen despedirse de Blancanieves.
Unos días después, apareció por allí un príncipe a lomos de un caballo que, nada más contemplar a Blancanieves, quedó prendado de ella. 
Al despedirse y ante tal belleza, la besó en la mejilla, y cual fue la sorpresa que Blancanieves volvió a la vida, pues el beso de amor que le había dado el príncipe rompió el hechizo de la malvada reina.
Blancanieves se casó con el príncipe y expulsaron a la cruel reina del palacio, y desde entonces todos pudieron vivir felices...
Cuento popular


lunes, 20 de agosto de 2012

Reflexión de ánimo...


No minimices tu valor comparándote con otros, pues son esas diferencias lo que nos hace seres especiales.
No hagas tus metas por lo que a otras personas les parezca importante, solo tú sabes lo que es mejor para ti. 
Nunca tomes en vano las cosas cercanas a tu corazón, aférrate a ellas como te aferras a la vida, pues sin ellas la vida no tiene sentido.
No permitas que tu vida se resbale por tus dedos, viviendo en el pasado o viviendo en el futuro, vive tu vida un día en el presente y podrás disfrutar todos los días de tu vida. 
No te rindas aunque creas que no tienes algo que ofrecer, nada es realmente en vano hasta el momento en que tu decides dejar de intentarlo. 
Estamos unidos a los otros por un hilo muy frágil, no tengas miedo de asumir riesgos pues con ellos aprendemos a vivir. 
No le cierres la puerta al amor diciendo que es difícil de encontrar. La manera más rápida de encontrar amor es dando amor. La manera mas rápida de perder el amor es aferrándonos muy fuerte a él. 
No rechaces tus sueños, sino ten esperanza, puesto que si no tienes esperanza no tienes un propósito. 
No corras por la vida tan rápido que olvides, no solamente donde has estado, sino hacia donde vas. 
La vida no es una carrera sino una jornada para ir saboreandola paso a paso.

Adaptación propia autor desconocido. 


jueves, 9 de agosto de 2012

Usa todos tus recursos...

CON TODAS TUS FUERZAS

Un padre estaba observando a su hijo pequeño que trataba de mover una maceta con flores muy pesada.
El pequeño se esforzaba, sudaba, pero no conseguía desplazar la maceta ni un milímetro.
-¿Has empleado todas tus fuerzas ? -, le preguntó el padre.
-Sí-, respondió el niño.
-No-, replicó el padre, -aún no me has pedido que te ayude-.

"Historias para acortar el camino" Bruno Ferro



miércoles, 1 de agosto de 2012

Dónde miras tú...?

FÁBULA DE LOS TRES HERMANOS


De tres hermanos el más grande se fue
por la vereda a descubrir y a fundar
y, para nunca equivocarse o errar,
iba despierto y bien atento
a cuando iba a pisar...
de tanto en esta posición caminar
ya nunca el cuello se le enderezó
y anduvo esclavo ya de la precaución,
y se hizo viejo queriendo ir lejos
con su corta visión...

Ojo que no mira más allá, no ayuda al pie...


De tres hermanos el del medio se fue
por la vereda a descubrir y a fundar, 
y para nunca equivocarse o errar,
iba despierto y bien atento
al horizonte igual...
pero este chico listo no podía ver
la piedra, el hoyo que vencía a su pie
y revolcado siempre se la pasó,
y se hizo viejo queriendo ir lejos
a dónde no llegó...

Ojo que no mira más acá tampoco fue.


De tres hermanos el pequeño partió
por la vereda a descubrir y a fundar,
y para nunca equivocarse o errar
una pupila llevaba arriba,
y la otra en el andar...
y caminó, vereda adentro el que más,
ojo en camino y ojo en lo porvenir,
y cuando vino el tiempo de resumir,
ya su mirada estaba extraviada
entre el start y el in

Ojo puesto en todo, ya ni sabe lo que ve.

Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú... 

Adaptación letra Silvio Rodríguez "Fábula de los Tres Hermanos"


jueves, 19 de julio de 2012

Cómo va nuestra carreta...???

LA CARRETA VACÍA


Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y, después de un pequeño silencio, me preguntó:
-Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?-
Agudicé mis oídos y, algunos segundos después, le respondí: -Estoy escuchando el ruido de una carreta.
Eso es -dijo mi padre-. Es una carreta vacía.
Pregunté a mi padre: -¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aun no la vemos?-
Entonces, mi padre respondió: -Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.
Cuando me convertí en adulto y siempre que veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:
"Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace"

Desconocido


lunes, 16 de julio de 2012

La mentira piadosa...



EL TREN DE LAS CINCO

-Hola Juan, ¿qué haces aquí tan impaciente?- le preguntó un paisano al jubilado que paseaba a lo largo del andén de la estación de tren del pueblo.
-Estoy esperando a que pase el tren de las 5- contestó Juan amablemente.
-¡Suerte, Juan!, a ver si viene pronto-
"Pobre Juan", pensaba el paisano, "todos los días esperando a que pase el tren de las 5 de la tarde, sin saber que hace tiempo que la ruta fue desviada y ya no pasa ningún tren por nuestro pueblo. Alguien debería decirle la verdad al bueno de Juan, pero nadie quiere quitarle su ilusión y su entretenimiento."
Y así un día tras otro, Juan esperaba pacientemente al tren durante horas y los vecinos, que habían hecho del camino de la Estación su ruta preferida para pasear, le saludaban, le preguntaban por el tren y se volvían a sus casas tranquilamente.
-Bueno días, Juan. ¿Ha pasado ya el tren?- le decían sus vecinos al pasar.
-Todavía no. Se conoce que viene con retraso- contestaba el jubilado muy tranquilo.
Un día, una anciana del pueblo, que vivía muy preocupada por todo lo que pasaba a su alrededor, quiso hacer su obra buena y fue al encuentro de su vecino Juan.
-Siento mucho darte este disgusto- le dijo, -pero no puedo seguir siendo cómplice de la mentira colectiva de todo el pueblo, mi conciencia me obliga a decirte que tu espera es en vano. Ya no pasa el tren por la estación de nuestro pueblo, Juan-.
Él la miró, y con la sonrisa de un niño travieso le dijo -te agradezco tu información, vecina, pero te ruego que no le digas a nadie que me lo has contado, porque todavía falta que casi la mitad del pueblo venga a sacarme de mi error, y mientras haya alguien que crea que estoy esperando a un tren imaginario, vendrán a saludarme y a desearme que mis deseos se hagan realidad. Así me siento menos solo y más querido, además, nos sirve a todos de entretenimiento. Todos nos beneficiamos de la gran mentira...., pero ahora debo apresurarme, vecina, porque ya son casi las 5 de la tarde, el tren debe estar a punto de llegar y enseguida nuestros vecinos empezaran a desfilar para preguntarme por mi tren-.
-¡Suerte, Juan!, a ver si viene pronto- le contestó asombrada la anciana.
Jordi Pons e Inma Lorenzo

domingo, 8 de julio de 2012

Para seguir leyendo...

JUAN SALVADOR GAVIOTA
Amanecía, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo. Chapoteaba un pesquero a un kilómetro de la costa cuando, de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de comida. Comenzaba otro día de ajetreos. Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, está practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil posición requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue más que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció detenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un... sólo... centímetro... más...Encrespáronse sus plumas, se atascó y cayó. Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor.


Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera. La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar. Este modo de pensar, descubrió, no es la manera con que uno se hace popular entre los demás pájaros. Hasta sus padres se desilusionaron al ver a Juan pasarse días enteros, solo, haciendo cientos de planeos a baja altura, experimentando.

...
(Comienzo del libro "Juan Salvador Gaviota" ) Richard Bach


domingo, 24 de junio de 2012

Cómo cambiar...

CAMBIANTE A TI MISMO
Un viejo sabio que, cuando era joven era un auténtico revolucionario, se decía a sí mismo:
"Quiero fuerzas para cambiar el mundo".

A medida que fue haciéndose adulto, cayó en la cuenta de que se había pasado media vida sin haber logrado cambiar una sola alma, y transformó su deseo revolucionario en el siguiente deseo:
"Mejor, voy a transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque solo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho".

Pero cuando fue muy viejo, y ya estaba a punto de dejar este mundo, empezó a comprender lo estúpido que había sido y su única ilusión era:
"Quizás deba cambiarme a mí mismo, si yo hubiera actuado de ese modo desde el principio, no habría malgastado mi vida".

Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad, casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo. Al cambiar tú estas cambiando a la humanidad.
Adaptación propia de Cuento Sufí



domingo, 17 de junio de 2012

Educar...


Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.
Gabriel Celaya

sábado, 16 de junio de 2012

Lucha hasta el final...

EL JUICIO
En la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue falsamente acusado de asesinato. El verdadero culpable era una persona muy influyente en el reino, por lo que se buscó un chivo espiatorio para encubrirlo.
El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tenía pocas posibilidades de salvarse de la horca.
El juez, que también estaba confabulado, se encargó de hacer lo posible porque pareciera un juicio justo, por lo que le dijo a l acusado: 
- Conocida tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios; escribiré en dos papeles las palabras "culpable" e "inocente", tú escogerás y será la Providencia la que escoja tu destino.
Por supuesto, el perverso funcionario, había preparado dos papeles con la misma leyenda: "culpable".
La víctima, aún sin conocer los detalles, se intuyó que era una trampa.
Cuando el juez le conminó a tomar uno de los papeles, el hombre respiró profundamente, cerró los ojos, y permaneció unos segundos en silencio. Cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa,  tomó uno de los papeles, se lo metió en la boca y lo tragó rápidamente.
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon:
- ¿Pero ahora cómo vamos a saber qué ponía en el veredicto?
- Es muy sencillo- replicó el hombre, - es cuestión de leer el que queda y sabremos qué decía el que me tragué.
Con refunfuños, y un enfado mal disimulado, debieron liberar al acusado y jamás le volvieron a molestar.
La culpa es de la vaca
Jaime Lopera y Marta Inés Bernal





Busca quién eres...

EL TIGRE QUE BALABA


Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas, y como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño. 

Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años. 

Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle: 

--Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre? 

Pero el tigre-oveja baló asustado. 

Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen. 

Pero el tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla. 

--Pruébala -le ordenó el tigre. 

Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza. 
Cuentos clásicos de India
Recop. Ramiro Calle





viernes, 8 de junio de 2012

Tanto que calcular...

POR SI ACASO
Un anciano está haciendo cola para subir al autobús y un joven que está detrás de él, le pregunta:
- "Perdone, ¿tiene fuego?"
- "¡No!" –le contesta algo enfadado el anciano.
El joven piensa: «No me muerdas», y pide fuego a otra persona.
Unos minutos más tarde, el anciano que tiene delante ¡¡¡enciende un cigarrillo!!!... Así que el joven le dice:
- "Oiga, ¿por qué me ha dicho que no tenía fuego cuando está claro que sí?"
- "Verá usted" –responde el anciano-. "Si le hubiera dado fuego, es probable que usted y yo nos hubiéramos puesto a hablar. Y si nos hubiéramos puesto a hablar, es probable que hubiéramos acabado sentándonos juntos en el autobús, es probable que hubiéramos acabado conversando. Usted parece un tipo agradable y es probable que hubiera empezado a caerme bien. Y entonces, podría haberle invitado a bajarse en mi parada para venir a casa a cenar. Y si usted hubiera venido a cenar, es probable que hubiera conocido a mi hija. Y si hubiera conocido a mi hija, es probable que hubiera salido con ella. Y si hubiera salido con ella, quién sabe, una cosa lleva a la otra, y es posible que todo hubiera acabado en boda... ¡y yo no quiero que ella se case con alguien que ni siquiera puede comprarse un encendedor!"
Hanock McCarty

sábado, 2 de junio de 2012

Lo primero es darse cuenta...

EL PRESO
Era un hombre que había sido encarcelado. A través de un ventanuco enrejado que había en su celda gustaba de mirar al exterior. 
Todos los días se asomaba al ventanuco, y, cada vez que veía pasar a alguien al otro lado de las rejas, estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. 
El guardián estaba realmente sorprendido. Un día ya no pudo por menos que preguntar al preso:
-Oye, hombre, ¿a qué vienen todas esas risotadas día tras día?-
Y el preso contestó:
-¿Cómo que de qué me río? ¡Pero estás ciego! Me río de todos esos que hay ahí. ¿No ves que están presos detrás de estas rejas?-
Cuento Indio

miércoles, 16 de mayo de 2012

Igualar para abajo...

JUAN SIN PIERNAS
Juan Sinpiernas era un hombre que trabajaba como leñador.
Un día Juan compró una sierra eléctrica pensando que esto aligeraría mucho su trabajo.
La idea hubiera sido muy feliz si él hubiera tenido la precaución de aprender a manejar primero la sierra, pero no lo hizo.
Una mañana mientras trabajaba en el bosque, el aullido de un lobo hizo que el leñador se descuidara... La sierra eléctrica se deslizó entre sus manos y Juan se accidentó hiriéndose de gravedad en las dos piernas.
Nada pudieron hacer los médicos para salvarlas, así que Juan Sinpiernas, como si fuera víctima de la profética determinación de su nombre, quedó definitivamente postrado en un sillón por el resto de su vida.
Juan estuvo deprimido durante meses por el accidente y después de un año, pareció que poco a poco empezaba a mejorar.
No obstante, algo conspiró contra su recuperación psíquica e imprevistamente, Juan volvió a caer en una profunda e increíble depresión.
Los médicos lo derivaron a psiquiatría.
Juan Sinpiernas, después de una pequeña resistencia, hizo la consulta.
El psiquiatra era amable y contenedor. Juan se sintió en confianza rápidamente y le contó sucintamente los hechos que derivaron en su estado de ánimo.
El psiquiatra le dijo que comprendía su depresión. La pérdida de las piernas -dijo- era realmente un motivo muy genuino para su angustia.
- Es que no es eso, doctor -dijo Juan- mi depresión no tiene que ver con la pérdida de las piernas. No es la discapacidad lo que más me molesta. Lo que más me duele es el cambio que ha tenido la relación con mis amigos.
El psiquiatra abrió los ojos y se quedó mirándolo, esperando que Juan Sinpiernas completara su idea.
- Antes del accidente mis amigos que me venían a buscar todos los viernes para ir a bailar. Una o dos veces a la semana nos reuníamos a chapotear en el río y hacer carreras a nado. Hasta días antes de mi operación algunos de los amigos salíamos los domingos de mañana a correr por la avenida costanera. Sin embargo, parece que por el sólo hecho de haber sufrido el accidente, no sólo he perdido las piernas, sino que he perdido además las ganas de mis amigos de compartir cosas conmigo. Ninguno de ellos me ha vuelto a invitar desde entonces.
El psiquiatra lo miró y se sonrió...
Le costaba creer que Juan Sinpiernas no estuviera entendiendo lo absurdo de su planteo...
No obstante, el psiquiatra decidió explicarle claramente lo que pasaba. El sabía mejor que nadie que la mente tiene resortes tan especiales que pueden hacer que uno se vuelva incapaz de entender lo que es evidente y obvio.
El psiquiatra le explicó a Juan Sinpiernas que sus amigos no lo estaban evitando por desamor o rechazo. Aunque fuera doloroso, el accidente había modificado la realidad. Le gustara o no, él ya no era el compañero de elección para hacer esas mismas cosas que antes compartían...
-Pero Dr. -interrumpió Juan Sinpiernas- yo sé que puedo nadar, correr y hasta bailar. Por suerte, pude aprender a mejorar mi silla de ruedas y sé que nada de eso me está vedado...
El doctor lo serenó y siguió su razonamiento: Por supuesto que no había nada en contra de que él siguiera haciendo las mismas cosas, es más, era importantísimo que siguiera haciéndolas. Simplemente, era difícil seguir pretendiendo compartirlas con sus relaciones de entonces.
El psiquiatra le explicó a Juan que en realidad él podía nadar, pero tenía que competir con quienes tenían su misma dificultad... que podía ir a bailar, pero en clubes y con otros a quienes también les faltara las piernas... podía salir a entrenarse por la costanera, pero debía aprender a hacerlo con otros discapacitados.
Juan debía entender que sus amigos no estarían con él ahora como antes, porque ahora las condiciones entre él y ellos eran diferentes....
Ya no eran sus pares.
Para poder hacer estas cosas que él deseaba hacer y otras más, era mejor acostumbrarse a hacerlo con sus iguales. Tenía, entonces, que dedicar su energía a fabricar nuevas relaciones con pares.
Juan sintió que un velo se descorría dentro de su mente y esa sensación lo serenó.
-Es difícil explicarle cuanto le agradezco su ayuda, doctor - dijo Juan - Vine casi forzado por sus colegas pero ahora comprendo que tenía razón... He entendido su mensaje y le aseguro que seguiré sus consejos, doctor. Muchas gracias ha sido realmente útil venir a la consulta.
-Nuevas relaciones con pares. - Se repitió Juan para no olvidarlo.
Y entonces Juan Sinpiernas salió del consultorio del psiquiatra, y volvió a su casa...
y puso en condiciones su sierra eléctrica...
Planeaba cortarles las piernas a algunos de sus amigos, y 'fabricar' así.... algunos pares.
Jorge Bucay





jueves, 26 de abril de 2012

Según lo que soy...

SOBRE LA ARENA
Dijo un hombre a otro:
- Con la marea alta, hace mucho tiempo, escribí con mi cayado unas líneas en la arena.
- Y la gente aún se detiene para leerlas y cuida mucho de que no se borren.
Y el otro hombre dijo:
- Yo también escribí unas líneas en la arena, pero lo hice durante la marea baja.
- Y las olas del inmenso mar las borraron y breve fue su vida.
- Pero dime; ¿qué fue lo que tú escribiste?
Y el primer hombre respondió:
- Escribí: Soy lo que soy.
- ¿Y tú, qué escribiste?
Y el otro hombre dijo:
- Escribí esto: Soy sólo una gota de este mar inmenso.
Cuento del libro “El Vagabundo” de Gibrán Jalil Gibrán