Mostrando entradas con la etiqueta Ilusión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ilusión. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de enero de 2013

Hago planes para el 2013...¿cómo cumplirlos?



MAÑANA EMPIEZO...

Año tras año cuando llegan estas fechas todos tenemos un montón de buenas intenciones y objetivos para el nuevo año: “voy a ir al gimnasio”, “voy a adelgazar con un régimen estupendo”, “voy a comer sano”, “voy a ser más organizado/a”, “voy a dejar de fumar”,...

Pero cuando pasa el primer mes... ¡a veces aguantamos hasta el segundo! Toda esta lista de buenas acciones se queda en... intenciones incumplidas. Lo curioso de esto es que todos los años, uno tras otro, hacemos lo mismo y nos proponemos las mismas cosas que nunca terminamos de alcanzar.

Para que por fin intentemos conseguir alguna de las estupendas metas que nos proponemos, os dejo un decálogo a tener en cuenta a la hora de poner en marcha esa lista de buenas acciones:

1.       Plantéate si realmente quieres llevar a cabo ese objetivo. Muchas veces comenzamos el año con un montón de propósitos que querer hacer y cambiar pero realmente son deseos que exteriorizamos como algo ideal pero que no estamos dispuestos o preparados para llevar a cabo de momento.



2.      Haz planes a corto plazo. Para uno o dos meses. Así es más fácil conseguirlo y nos será más sencillo alcanzar la meta y sentirnos bien. Al cumplir ese plazo podemos ponernos otro, pues tendremos la sensación de que sí somos capaces. Esto nos subirá la autoestima y nos dará fuerzas para continuar. 

3.       Describe tus propósitos minuciosamente. Debemos describir de forma detallada cuál va a ser nuestra forma de cumplir esa meta u objetivo que nos hemos propuesto, es decir, debemos describir un plan de acción. Por ejemplo: si es “hacer vida sana”, describiremos lo que nos hemos propuesto hacer para conseguirlo: comer cinco veces al día durante dos semanas detallando los menús a ingerir, ir al gimnasio antes de ir a trabajar los martes, jueves y sábados,...



4.      Ten en cuenta tus limitaciones. Los objetivos que nos propongamos han de ser realistas, de este modo los podremos cumplir. Las metas alcanzables nos ayudan a sentirnos bien con nosotros mismos y animarnos a proponernos nuevos retos. 

5.      Apunta tus objetivos en un lugar visible. Esto nos ayudará a que todos los días los tengamos presentes y no se nos olvide o pospongamos para otro momento. La nevera, el espejo del baño, en el armario de nuestra ropa,... cualquier lugar visible es bueno para que todas las mañanas seamos conscientes de que tenemos un compromiso con nosotros mismos.



6.      Detalla algunos “premios o caprichos” que te darás al final de la semana si cumples tus objetivos. Pequeños premios en “etapas” nos ayudarán a mantener la motivación y la ilusión de manera sostenida durante la semana. Un baño especial el domingo, una tarde de cine, un SPA, esa pastel que te entusiasma, etc.



7.      Compártelo con tus amigos y/o familiares. De esta manera adquirirás un compromiso no sólo contigo, sino también con los que te rodean, por lo que te será más difícil posponer tu acción y te comprometerás a llevarla a cabo hasta el final.



8.     Fija una fecha de comienzo. Antes de empezar de un día para otro, debemos tener bien detallado los pasos anteriores. Cómo lo vamos a hacer, nuestras listas a la vista, compartido con nuestros amigos, etc. Esto requiere un tiempo, además debemos mentalizarnos y tomar conciencia de que vamos a llevar a cabo nuestro reto. Por tanto, vamos a fijar una fecha de comienzo en la que ya sepamos que tenemos todo preparado para comenzar. Esta fecha no ha de ser de un día para otro, pero tampoco debemos dejar pasar mucho tiempo para que no perdamos la motivación y el entusiasmo. De tres a cinco días vista estaría bien.



9.      Analiza tus acciones al final del día. Al volver a casa un momento de relajación y análisis de lo hecho durante el día es un buen ejercicio de reflexión donde felicitarnos por las acciones y corregir aquello que creamos que no hemos terminado de hacer como deseábamos.

10.  Al finalizar la semana... ya hemos cumplido la primera semana y estamos entusiasmados porque llega nuestro pequeño momento especial... 

¡a disfrutar de nuestro premio y coger fuerza para la siguiente!


M Rosa del Rincón


CONSIDERACIONES FINALES

Lo que con este documento se pretende es dar una orientación rápida y una idea general sobre la forma en que nosotros creemos que se debe actuar a la hora de cómo llevar a cabo objetivos y metas, puesto que es de actualidad durante el comienzo del nuevo año. 
En ningún caso pretende ser una guía exhaustiva sobre este tama, por lo que no debe ser tomada como tal.
Si cree que necesita ayuda u orientación al respecto, pueden consultar con nosotros que estaremos encantados de guiar su proceso.

M Rosa del Rincón (Consulta de Psicología) 
Para ampliar la información o cualquier duda que se pueda tener al respecto se pueden poner en contacto a través de info@mrosadelrincon.es o del tlf: 622 649 066



lunes, 20 de agosto de 2012

Reflexión de ánimo...


No minimices tu valor comparándote con otros, pues son esas diferencias lo que nos hace seres especiales.
No hagas tus metas por lo que a otras personas les parezca importante, solo tú sabes lo que es mejor para ti. 
Nunca tomes en vano las cosas cercanas a tu corazón, aférrate a ellas como te aferras a la vida, pues sin ellas la vida no tiene sentido.
No permitas que tu vida se resbale por tus dedos, viviendo en el pasado o viviendo en el futuro, vive tu vida un día en el presente y podrás disfrutar todos los días de tu vida. 
No te rindas aunque creas que no tienes algo que ofrecer, nada es realmente en vano hasta el momento en que tu decides dejar de intentarlo. 
Estamos unidos a los otros por un hilo muy frágil, no tengas miedo de asumir riesgos pues con ellos aprendemos a vivir. 
No le cierres la puerta al amor diciendo que es difícil de encontrar. La manera más rápida de encontrar amor es dando amor. La manera mas rápida de perder el amor es aferrándonos muy fuerte a él. 
No rechaces tus sueños, sino ten esperanza, puesto que si no tienes esperanza no tienes un propósito. 
No corras por la vida tan rápido que olvides, no solamente donde has estado, sino hacia donde vas. 
La vida no es una carrera sino una jornada para ir saboreandola paso a paso.

Adaptación propia autor desconocido. 


jueves, 9 de agosto de 2012

Usa todos tus recursos...

CON TODAS TUS FUERZAS

Un padre estaba observando a su hijo pequeño que trataba de mover una maceta con flores muy pesada.
El pequeño se esforzaba, sudaba, pero no conseguía desplazar la maceta ni un milímetro.
-¿Has empleado todas tus fuerzas ? -, le preguntó el padre.
-Sí-, respondió el niño.
-No-, replicó el padre, -aún no me has pedido que te ayude-.

"Historias para acortar el camino" Bruno Ferro



lunes, 16 de julio de 2012

La mentira piadosa...



EL TREN DE LAS CINCO

-Hola Juan, ¿qué haces aquí tan impaciente?- le preguntó un paisano al jubilado que paseaba a lo largo del andén de la estación de tren del pueblo.
-Estoy esperando a que pase el tren de las 5- contestó Juan amablemente.
-¡Suerte, Juan!, a ver si viene pronto-
"Pobre Juan", pensaba el paisano, "todos los días esperando a que pase el tren de las 5 de la tarde, sin saber que hace tiempo que la ruta fue desviada y ya no pasa ningún tren por nuestro pueblo. Alguien debería decirle la verdad al bueno de Juan, pero nadie quiere quitarle su ilusión y su entretenimiento."
Y así un día tras otro, Juan esperaba pacientemente al tren durante horas y los vecinos, que habían hecho del camino de la Estación su ruta preferida para pasear, le saludaban, le preguntaban por el tren y se volvían a sus casas tranquilamente.
-Bueno días, Juan. ¿Ha pasado ya el tren?- le decían sus vecinos al pasar.
-Todavía no. Se conoce que viene con retraso- contestaba el jubilado muy tranquilo.
Un día, una anciana del pueblo, que vivía muy preocupada por todo lo que pasaba a su alrededor, quiso hacer su obra buena y fue al encuentro de su vecino Juan.
-Siento mucho darte este disgusto- le dijo, -pero no puedo seguir siendo cómplice de la mentira colectiva de todo el pueblo, mi conciencia me obliga a decirte que tu espera es en vano. Ya no pasa el tren por la estación de nuestro pueblo, Juan-.
Él la miró, y con la sonrisa de un niño travieso le dijo -te agradezco tu información, vecina, pero te ruego que no le digas a nadie que me lo has contado, porque todavía falta que casi la mitad del pueblo venga a sacarme de mi error, y mientras haya alguien que crea que estoy esperando a un tren imaginario, vendrán a saludarme y a desearme que mis deseos se hagan realidad. Así me siento menos solo y más querido, además, nos sirve a todos de entretenimiento. Todos nos beneficiamos de la gran mentira...., pero ahora debo apresurarme, vecina, porque ya son casi las 5 de la tarde, el tren debe estar a punto de llegar y enseguida nuestros vecinos empezaran a desfilar para preguntarme por mi tren-.
-¡Suerte, Juan!, a ver si viene pronto- le contestó asombrada la anciana.
Jordi Pons e Inma Lorenzo

domingo, 8 de julio de 2012

Para seguir leyendo...

JUAN SALVADOR GAVIOTA
Amanecía, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo. Chapoteaba un pesquero a un kilómetro de la costa cuando, de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de comida. Comenzaba otro día de ajetreos. Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, está practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil posición requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue más que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció detenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un... sólo... centímetro... más...Encrespáronse sus plumas, se atascó y cayó. Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor.


Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera. La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar. Este modo de pensar, descubrió, no es la manera con que uno se hace popular entre los demás pájaros. Hasta sus padres se desilusionaron al ver a Juan pasarse días enteros, solo, haciendo cientos de planeos a baja altura, experimentando.

...
(Comienzo del libro "Juan Salvador Gaviota" ) Richard Bach


domingo, 17 de junio de 2012

Educar...


Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.
Gabriel Celaya

sábado, 16 de junio de 2012

Lucha hasta el final...

EL JUICIO
En la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue falsamente acusado de asesinato. El verdadero culpable era una persona muy influyente en el reino, por lo que se buscó un chivo espiatorio para encubrirlo.
El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tenía pocas posibilidades de salvarse de la horca.
El juez, que también estaba confabulado, se encargó de hacer lo posible porque pareciera un juicio justo, por lo que le dijo a l acusado: 
- Conocida tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios; escribiré en dos papeles las palabras "culpable" e "inocente", tú escogerás y será la Providencia la que escoja tu destino.
Por supuesto, el perverso funcionario, había preparado dos papeles con la misma leyenda: "culpable".
La víctima, aún sin conocer los detalles, se intuyó que era una trampa.
Cuando el juez le conminó a tomar uno de los papeles, el hombre respiró profundamente, cerró los ojos, y permaneció unos segundos en silencio. Cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa,  tomó uno de los papeles, se lo metió en la boca y lo tragó rápidamente.
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon:
- ¿Pero ahora cómo vamos a saber qué ponía en el veredicto?
- Es muy sencillo- replicó el hombre, - es cuestión de leer el que queda y sabremos qué decía el que me tragué.
Con refunfuños, y un enfado mal disimulado, debieron liberar al acusado y jamás le volvieron a molestar.
La culpa es de la vaca
Jaime Lopera y Marta Inés Bernal





Busca quién eres...

EL TIGRE QUE BALABA


Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas, y como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño. 

Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años. 

Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle: 

--Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre? 

Pero el tigre-oveja baló asustado. 

Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen. 

Pero el tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla. 

--Pruébala -le ordenó el tigre. 

Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza. 
Cuentos clásicos de India
Recop. Ramiro Calle





martes, 17 de enero de 2012

Busca dentro de ti...

LA LLAVE DE LA FELICIDAD

Cuenta la leyenda que hace millones y millones de años, cuando recién se había creado el Universo, se reunieron todos los dioses para contemplar su obra, y extasiados por tanta belleza y perfección no pudieron evitar caer en la tentación de la presunción, es por lo que decidieron crear al hombre para que este le envidiara y admiraran su poder.

Entonces los dioses se dedicaron afanosamente a crear al hombre, y cuentan algunas religiones que lo hicieron tan a su imagen y semejanza, que lo dotaron de fuerza, valor, felicidad, inteligencia, sabiduría, etc., que llegaron a temer que se fundieran entre ellos y que en un momento dado los destituyeran y ocuparan su lugar, por lo que decidieron esconderle alguna de las virtudes con las que había sido creado.
¿Dónde podrían guardar la felicidad para que el ser humano no la encontrara?. 

Estuvieron reflexionando sobre ello mucho tiempo; cuando uno decía de esconderla en el pico de la montaña más alta, otro de los dioses le rebatía, diciendo que al haberlo dotado de fuerza y valor podría escalar esa montaña y encontrarla.

Cuando uno de ellos comentaba que tenían que esconder la felicidad en la sima más profunda de los océanos, otro le corregía diciendo que al ser humano le habían dotado de una gran inteligencia, y podrían inventar una máquina que se sumergieran en los mares y la podrían encontrar.

Cabía otra posibilidad esconderla en otra galaxia, -pero llegaría el día se dijeron unos a otros- en que el hombre exploraría el Universo, descubriría los agujeros negros y llegaría a las otras galaxias. ¿Qué hacer pues?.
En estas reflexiones andaban cuando uno de ellos -el más gordito y bajito- que había permanecido todo el tiempo en silencio, dijo:
Vamos a escondérsela dentro de ellos mismo, que siempre estarán tan ocupados en atesorar riquezas, conseguir el poder pensando que esto es lo que les dará la felicidad, que nunca se darán cuenta que dentro de ellos mismos está la llave de la felicidad.
Desconocido



miércoles, 4 de enero de 2012

Cómo cambia el amor...

LA MIRADA DEL AMOR

     El  rey estaba enamorado de Sabrina: una mujer de baja condición a la que el rey había hecho su última esposa.
     Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar que la madre de Sabrina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina subió al carruaje y corrió junto a su madre.
     A su regreso, el rey fue informado de la situación.
-¿No es maravillosa?-dijo-. Esto es verdaderamente amor filial. ¡No le importó su vida para cuidar a su madre! ¡Es maravillosa!
    Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo fruta, llegó el rey. La princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último durazno que quedaba en la canasta.
-¡Parecen ricos!-dijo el rey.
-Lo son- dijo la princesa y, alargando la mano, le cedió a su amado el último durazno.
-¡Cuánto me ama!-comentó después el rey-, renunció a su propio placer, para darme el último durazno de la canasta ¿no es fantástica?-
  Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión desaparecieron del corazón del rey.
   Sentado con su amigo más confidente, le decía: -nunca se portó como una reina…¿acaso no desafió mi investidura usando mi carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida.
Jorge Bucay


martes, 3 de enero de 2012

La creatividad...



EL PEQUEÑO NIÑO

Una vez un pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.
Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: -Hoy vamos a hacer un dibujo-.
-Qué bien- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.

Pero la maestra dijo: -Esperad, no es hora de empezar-, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Cuando ya estaban todos listos dijo: –Ahora vamos a dibujar flores-.

-¡Qué bien! -pensó el niño, -me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.
Pero la maestra dijo: -esperad, yo os enseñaré cómo-, y dibujó una flor roja con un tallo verde.
El pequeño niño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.
Otro día, cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: -Hoy vamos a hacer algo con barro-
-¡Qué bien!- pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.
Pero la maestra dijo: -Esperad, no es hora de comenzar- y esperó a que todos estuvieran preparados. Cuando todos estaban ya listos dijo: -Ahora vamos a moldear un plato.
-¡Qué bien!- pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo: -Esperad, yo les enseñaré cómo-, y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato.
 -Aquí tienen-, dijo la maestra, -ahora pueden comenzar.
El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela.
En su primer día de clase, la maestra dijo: -hoy vamos a hacer un dibujo-.
-¡Qué bien!- pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba por la clase.
Cuando llegó hasta el pequeño niño ella le dijo: -¿no quieres empezar tu dibujo?-
-Sí-, dijo el pequeño, -¿qué vamos a hacer?
-No sé, hasta que tú no lo hagas...-, dijo la maestra.
-¿Y cómo lo hago?- preguntó.
-Como tú quieras- le respondió.
- ¿Y de cualquier color?-
-De cualquier color- dijo la maestra. -Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo?-
-Yo no sé-, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.
Helen Buckley

lunes, 2 de enero de 2012

Déjalo fuera...

EL ÁRBOL DE LOS PROBLEMAS
Un granjero me contrató para que le ayudase a reparar su vieja granja, pero tras haber trabajado el primer día, su cortadora eléctrica se estropeó y tuvimos que perder más de una hora en intentar arreglarla y, además, su ya viejo camión, se negaba a arrancar.
Al no poder continuar trabajando ese día, decidimos dejarlo y le tuve que llevar a su casa en mi coche, pues el camión, no arrancó. Todo el camino el granjero fue en silencio y cabizbajo. Yo no sabía qué poder decirle para romper ese silencio.
Una vez llegamos a su casa, en agradecimiento, me invitó muy cordialmente a pasar a conocer a su familia.
Mientras nos dirigíamos hacia la puerta de entrada, se detuvo unos instantes frente a un pequeño árbol que tenía en el jardín y se puso, durante unos instantes, a tocar las puntas de las ramas con ambas manos.
Llegados a la puerta, mientras abría con su llave, ocurrió una sorprendente transformación: su bronceada cara disgustada del trayecto, estaba ahora plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. 
Pasé un bonito rato tomando un refresco con ellos y disfrutando del calor de su hogar.
Cuando ya se hizo algo tarde, decidí que debía marcharme y me despedí de la alegre familia.
El granjero, muy amable, me acompaño hasta mi coche y, al pasar por el pequeño árbol del jardín, sentí la necesidad de preguntarle acerca de lo que había hecho unos instantes antes de entrar.
—¡Oh!— Exclamo con determinación, —ese es mi árbol de los problemas. Y continuó diciendo -sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero eso no significa que dichos problemas me los tenga que traer a casa. Pues los problemas no pertenecen ni a mi casa, ni a mi esposa y mucho menos a mis pequeños hijos. Así que cada día que vuelvo junto a ellos, justo antes de entrar en casa, cuelgo todos mis problemas en el árbol y, por la mañana, los recojo otra vez. Lo divertido de todo esto —exclamo sonriente— es que cuando salgo por la mañana a recogerlos, ni remotamente hay tantos problemas como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.
Desconocido


viernes, 30 de diciembre de 2011

Otra riqueza es posible...

LA EXCURSIÓN DE SAMUEL

Un día, durante las vacaciones de Navidad, un padre de una familia adinerada llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito de que su hijo viera cuan pobre era la gente que allí vivía y, así, aprender a valorar todo lo que él tenía.
Estuvieron pasando todo el día, e incluso la noche, en una granja de una familia campesina muy humilde.
Al concluir el viaje, ya de regreso a su casa, el padre le pregun­ta al chico: -¿Qué te pareció el viaje, Samuel?
A lo que el niño contesta: -Muy bonito, papa.
El padre, sorprendido por la escueta respuesta, le insiste: -Pero, ¿viste lo pobre que puede llegar a ser la gente?
Samuel, sin entender muy bien la pregunta, le contesta dándole la razón.
El padre, orgulloso, para hacer reflexionar a su hijo sobre la experiencia, le vuelve a preguntar: -¿Y qué has aprendido de esto que has visto?
El hijo, mirando a su padre con una enorme sonrisa de ilusión le contesta: -Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cinco. Nosotros tenemos una piscina que ocupa la mi­tad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas importadas de China en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro jardín llega hasta la valla, el de ellos tiene todo el horizonte. Ellos tienen tiempo para conversar y disfrutar en familia, tú y mamá tenéis que trabajar todo el día y casi nunca os puedo ver.
Al terminar el relato, el padre se quedó sorprendido y sin palabras, y su hijo agregó: -¡Gracias papá, por enseñarme lo ricos que podemos llegar a ser!
Desconocido


jueves, 29 de diciembre de 2011

La historia de siempre...

Esta es una pequeña historia, la historia de siempre, sobre cuatro personas que se llamaban Todo el mundo, Alguien, Cualquiera y Nadie. 
Había que hacer un importante trabajo, y Todo el Mundo estaba seguro de que Alguien lo haría. 
Podía haberlo hecho Cualquiera, pero Nadie lo hizo. 
Entonces, Alguien se enfadó porque era un trabajo de Todo el Mundo. 
Pero Todo el Mundo pensó que Cualquiera podía hacerlo y Nadie sabía que ninguno lo haría. 
Al final, Todo el Mundo echó la culpa a Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podía haber hecho. 
La historia de siempre.
Desconocido


miércoles, 28 de diciembre de 2011

La reflexión...

LAS TRES PIPAS

Una vez un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle de que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad!
El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero que antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.
El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.
Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza memorable para que nunca se olvidase de la ofensa.
Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar.
También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando.
Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos.
Como siempre, fue escuchado con bondad, pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.
El hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió a árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo su tabaco y su bronca.
Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo:
- Pensándolo mejor, veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así recuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho.
El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole:
- Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tú mismo.
Desconocido


lunes, 26 de diciembre de 2011

Las cicatrices nos hacen grandes...

EL CORAZÓN PERFECTO

Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.
Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni marcas ni rasguños.
Sí. Coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto; todos menos un anciano, que se acercó y dijo: -Tu corazón no es ni siquiera aproximadamente, tan hermoso como el mío. 
Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares alrededor. 
Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La gente se sobrecogió. ¿como puede él decir que su corazón es más hermoso? El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír. 
-Debes estar bromeando -dijo-. Compara tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor. 
-Es cierto -dijo el anciano-, tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo... 

Mira, cada cicatriz representa una persona a la que entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. 

Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. 
Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque me recuerdan el amor que hemos compartido. 
Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. Ahí quedaron los huecos. 
El joven y la multitud estaban muy conmovidos. El anciano continuó hablando: 
-Dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día tal vez regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón. ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso? 
El joven permaneció en silencio; unas lágrimas humedecieron sus ojos. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón; luego a su vez arrancó un trozo del suyo, ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. 
La pieza se amoldó, pero no a la perfección porque no eran idénticas y se notaban bordes irregulares. 
El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero le hacía sentir mejor que antes porque el amor del anciano fluía en su interior.
Rosario Gómez
Cuentos con alma


viernes, 23 de diciembre de 2011

No sabemos lo que valemos...

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
- ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.
- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
Jorge Bucay
"Recuentos para Demian"




jueves, 22 de diciembre de 2011

El valor de los amigos...

CUENTO DE NAVIDAD
Julio estaba tan enfadado por los pocos regalos que había recibido la Navidad anterior, que la carta que escribió a Los Reyes Magos aquel año resultó tan dura que Melchor, Gaspar y Baltasar fueron a visitarlo unos días antes.
- ¿Por qué tanto enfado y tantos regalos? - preguntaron Los Tres Reyes Magos- ¡Pero si tienes un montón de amigos!
- ¡Me da igual! Quiero más juguetes y menos amigos.
Y tan molesto estaba que los buenos de Sus Majestades tuvieron que proponerle un trato:
- Está bien. Como muchos otros niños me han pedido tener más amigos, te daré un regalo más por cada amigo al que renuncies para que se lo pueda ofrecer a otros niños.
- ¡Hecho! - dijo el niño sin dudar.. -Además, puedes quedártelos todos.
Aquella Navidad Julio se encontró con una enorme montaña de regalos. Tantos, que dos días después aún seguía abriéndolos. El niño estaba feliz, gritaba a los vientos lo mucho que quería a Los Reyes Magos, y hasta les escribió varias cartas de agradecimiento.
Luego comenzó a jugar con sus regalos. Eran tan alucinantes que no pudo esperar a salir a la calle para mostrárselos a los demás niños.
Pero, una vez en la calle, ninguno de los niños mostró interés por aquellos juguetes. Y tampoco por el propio Julio. Ni siquiera cuando este les ofreció probar los mejores y más modernos aparatos.
- Vaya- pensó el niño - supongo que me he quedado sin amigos. Bueno, qué más da, sigo teniendo mis juguetes.
Y Julio volvió a su casa. Durante algunas semanas disfrutó de un juguete nuevo cada día, y la emoción que sentía al estrenar un juguete todas las mañanas le hizo olvidar su falta de amigos. Pero no había pasado ni un mes cuando sus juguetes comenzaron a resultarle aburridos. Siempre hacían lo mismo, y la única forma de cambiar los juegos era inventándose nuevos mundos y aventuras, como hacía habitualmente con sus amigos. Sin embargo, hacerlo solo no tenía mucha gracia.
Entonces empezó a echar de menos a sus amigos. Se daba cuenta de que cuando estaba con sus amigos, siempre se les ocurrían nuevas ideas y formas de adaptar sus juegos ¡Por eso podían jugar con un mismo juguete durante semanas! Y tanto lo pensó, que finalmente llegó a estar convencido de que sus amigos eran mucho mejores que cualquier juguete ¡Pero si llevaba años jugando con sus amigos y nunca se había aburrido de ellos!
Y tras un año de mortal aburrimiento, al llegar la Navidad redactó para Los Reyes Magos una humilde carta en la que pedía perdón por haber sido tan torpe de cambiar sus mejores regalos por unos aburridos juguetes, y suplicaba
recuperar todos sus antiguos amigos.
Y desde entonces, no deseó por Navidad otra cosa que tener muchos amigos y poder compartir con ellos momentos de juegos y alegrías, aunque fuera junto a los viejos juguetes de siempre..
Pedro Pablo Sacristán












miércoles, 14 de diciembre de 2011

La ilusión...

EL VIAJE
Un hombre que nació en Yen vivió desde niño en Chu. En su ancianidad decidió volver a su tierra natal y emprendió el viaje en compañía de unos amigos. Después de muchos días de caminar llegaron a una ciudad y los amigos le dijeron:
—Estamos en Yen.
El hombre se estremeció de alegría. Pasaron por una ermita y le señalaron:
—Este es el altar de tu pueblo.
El fervor religioso invadió al hombre y expresó algunas reverencias. Luego le indicaron una casa a lo lejos diciéndole:
—Allá vivieron tus antepasados.
Sus ojos derramaron lágrimas. Por último, lo llevaron a donde estaba un muro en ruinas y le plantearon:
—En este lugar yacen los restos de tus ancestros.
El hombre no pudo contenerse y lloró amargamente. Sus amigos soltaron estruendosas carcajadas y le explicaron:
—Te hemos jugado una broma, aún no hemos llegado a Yen. Apenas estamos en Chin.
Cuando el hombre llegó a Yen visitó el altar de su pueblo, la casa y la tumba de sus antepasados, pero sus emociones ya no lo conmovieron como cuando estuvo en Chin.
Desconocido