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lunes, 27 de agosto de 2012

Hazlo por ti...


EL SENDERO DE LA VERDAD

... Merlín le recordó al caballero su nuevo propósito: liberarse de la armadura.
-¿Por qué molestarse? - preguntó el caballero ásperamente - a Julieta y a Cristóbal les daba igual si me la quito o no.
- Hacedlo por vos mismo - sugirió Merlín - El estar atrapado dentro de todo ese acero os ha causado muchos problemas, y las cosas empeorarán con el paso del tiempo. Incluso podríais morir a causa de una neumonía por culpa de una barba empapada.
- Supongo que sí, mi barba se ha convertido en un fastidio - replicó el caballero - Estoy cansado de cargar con ella y estoy harto de comer papillas. Ahora que lo pienso, ni siquiera me puedo rascar la espalda cuando me pica.
- ¿Y cuándo fue la última vez que sentisteis el calor de un beso, olisteis la fragancia de una flor, o escuchasteis una hermosa melodía sin que vuestra armadura se interpusiera entre vosotros?
- Ya ni me acuerdo - murmuró el caballero con tristeza - Tenéis razón, Merlín. Tengo que liberarme de esta armadura por mí mismo.
- No podéis continuar viviendo y pensando como lo habéis hecho hasta ahora - dijo Merlín - Fue así como os quedasteis atrapado en ese montón de acero al principio.
- Pero, ¿cómo puedo cambiar todo eso? - preguntó el caballero intranquilo.
- No es tan difícil como parece - explicó Merlín, conduciendo al caballero hacia un sendero - Éste es el sendero que seguisteis para llegar a estos bosques.
- Yo no seguí ningún sendero - dijo el caballero - ¡Estuve perdido durante meses!
- La gente no suele percibir el sendero por el que transita - replicó Merlín.
- ¿Queréis decir que el sendero estaba ahí pero yo no lo podía ver?
- Sí, y podéis regresar por el mismo, si así lo deseáis; pero conduce a la deshonestidad, la avaricia, el odio, los celos, el miedo y la ignorancia.
- ¿Estáis diciendo que yo soy todo eso? - preguntó el caballero indignado.
- En algunos momentos, sois alguna de esas cosas - admitió Merlín en voz baja.
El mago señaló hacia otro sendero. Era más estrecho que el primero y muy empinado.
- Parece una escalada difícil - observó el caballero.
-Ése - dijo Merlín asintiendo - es el Sendero de la Verdad. Se vuelve más empinado a medida que se acerca a la cima de una lejana montaña.
El caballero contempló el empinado camino sin entusiasmo.
- No estoy seguro de que valga la pena. ¿Qué conseguiré cuando llegue a la cima?
- Se trata de lo que no tendréis. - explicó Merlín - ¡Vuestra armadura!
El caballero reflexionó sobre esto. Si regresaba por el camino por el que había venido, no tendría esperanzas de liberarse de su armadura y, probablemente moriría de soledad y fatiga. La única manera de quitarse la armadura era, por lo visto, seguir el Sendero de la Verdad, aunque pudiese, en tal caso, morir intentando trepar hacia la empinada montaña.
El caballero observó el difícil sendero que tenía delante. Luego miró hacia abajo, y contempló el acero que cubría su cuerpo.
- Está bien - dijo con resignación - Probaré el Sendero de la Verdad.
Merlín asintió:
- Vuestra decisión de transitar un sendero desconocido, teniendo que cargar con una pesada armadura, requiere mucho coraje...

Robert Fisher. Fragmento de "El Caballero de la Armadura Oxidada"










lunes, 20 de agosto de 2012

Reflexión de ánimo...


No minimices tu valor comparándote con otros, pues son esas diferencias lo que nos hace seres especiales.
No hagas tus metas por lo que a otras personas les parezca importante, solo tú sabes lo que es mejor para ti. 
Nunca tomes en vano las cosas cercanas a tu corazón, aférrate a ellas como te aferras a la vida, pues sin ellas la vida no tiene sentido.
No permitas que tu vida se resbale por tus dedos, viviendo en el pasado o viviendo en el futuro, vive tu vida un día en el presente y podrás disfrutar todos los días de tu vida. 
No te rindas aunque creas que no tienes algo que ofrecer, nada es realmente en vano hasta el momento en que tu decides dejar de intentarlo. 
Estamos unidos a los otros por un hilo muy frágil, no tengas miedo de asumir riesgos pues con ellos aprendemos a vivir. 
No le cierres la puerta al amor diciendo que es difícil de encontrar. La manera más rápida de encontrar amor es dando amor. La manera mas rápida de perder el amor es aferrándonos muy fuerte a él. 
No rechaces tus sueños, sino ten esperanza, puesto que si no tienes esperanza no tienes un propósito. 
No corras por la vida tan rápido que olvides, no solamente donde has estado, sino hacia donde vas. 
La vida no es una carrera sino una jornada para ir saboreandola paso a paso.

Adaptación propia autor desconocido. 


miércoles, 1 de agosto de 2012

Dónde miras tú...?

FÁBULA DE LOS TRES HERMANOS


De tres hermanos el más grande se fue
por la vereda a descubrir y a fundar
y, para nunca equivocarse o errar,
iba despierto y bien atento
a cuando iba a pisar...
de tanto en esta posición caminar
ya nunca el cuello se le enderezó
y anduvo esclavo ya de la precaución,
y se hizo viejo queriendo ir lejos
con su corta visión...

Ojo que no mira más allá, no ayuda al pie...


De tres hermanos el del medio se fue
por la vereda a descubrir y a fundar, 
y para nunca equivocarse o errar,
iba despierto y bien atento
al horizonte igual...
pero este chico listo no podía ver
la piedra, el hoyo que vencía a su pie
y revolcado siempre se la pasó,
y se hizo viejo queriendo ir lejos
a dónde no llegó...

Ojo que no mira más acá tampoco fue.


De tres hermanos el pequeño partió
por la vereda a descubrir y a fundar,
y para nunca equivocarse o errar
una pupila llevaba arriba,
y la otra en el andar...
y caminó, vereda adentro el que más,
ojo en camino y ojo en lo porvenir,
y cuando vino el tiempo de resumir,
ya su mirada estaba extraviada
entre el start y el in

Ojo puesto en todo, ya ni sabe lo que ve.

Óyeme esto y dime, dime lo que piensas tú... 

Adaptación letra Silvio Rodríguez "Fábula de los Tres Hermanos"


martes, 24 de julio de 2012

Cada uno mastica lo suyo...

LOS CUENTOS


El Maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...

- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...

- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.

- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo

- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?

- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.

- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?...

- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...

- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte...

- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...

- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.

El maestro hizo una pausa y dijo:

- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada

Jorge Bucay

domingo, 8 de julio de 2012

Para seguir leyendo...

JUAN SALVADOR GAVIOTA
Amanecía, y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo. Chapoteaba un pesquero a un kilómetro de la costa cuando, de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la Bandada de la Comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de comida. Comenzaba otro día de ajetreos. Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, está practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil posición requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue más que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció detenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un... sólo... centímetro... más...Encrespáronse sus plumas, se atascó y cayó. Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor.


Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera. La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar. Este modo de pensar, descubrió, no es la manera con que uno se hace popular entre los demás pájaros. Hasta sus padres se desilusionaron al ver a Juan pasarse días enteros, solo, haciendo cientos de planeos a baja altura, experimentando.

...
(Comienzo del libro "Juan Salvador Gaviota" ) Richard Bach


domingo, 17 de junio de 2012

Educar...


Educar es lo mismo
que poner motor a una barca…
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada.
Gabriel Celaya

sábado, 16 de junio de 2012

Lucha hasta el final...

EL JUICIO
En la Edad Media, un hombre muy virtuoso fue falsamente acusado de asesinato. El verdadero culpable era una persona muy influyente en el reino, por lo que se buscó un chivo espiatorio para encubrirlo.
El hombre fue llevado a juicio y comprendió que tenía pocas posibilidades de salvarse de la horca.
El juez, que también estaba confabulado, se encargó de hacer lo posible porque pareciera un juicio justo, por lo que le dijo a l acusado: 
- Conocida tu fama de hombre justo, voy a dejar tu suerte en manos de Dios; escribiré en dos papeles las palabras "culpable" e "inocente", tú escogerás y será la Providencia la que escoja tu destino.
Por supuesto, el perverso funcionario, había preparado dos papeles con la misma leyenda: "culpable".
La víctima, aún sin conocer los detalles, se intuyó que era una trampa.
Cuando el juez le conminó a tomar uno de los papeles, el hombre respiró profundamente, cerró los ojos, y permaneció unos segundos en silencio. Cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y, con una sonrisa,  tomó uno de los papeles, se lo metió en la boca y lo tragó rápidamente.
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon:
- ¿Pero ahora cómo vamos a saber qué ponía en el veredicto?
- Es muy sencillo- replicó el hombre, - es cuestión de leer el que queda y sabremos qué decía el que me tragué.
Con refunfuños, y un enfado mal disimulado, debieron liberar al acusado y jamás le volvieron a molestar.
La culpa es de la vaca
Jaime Lopera y Marta Inés Bernal





Busca quién eres...

EL TIGRE QUE BALABA


Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas, y como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño. 

Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años. 

Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle: 

--Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre? 

Pero el tigre-oveja baló asustado. 

Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen. 

Pero el tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla. 

--Pruébala -le ordenó el tigre. 

Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza. 
Cuentos clásicos de India
Recop. Ramiro Calle





lunes, 16 de abril de 2012

El anhelo de libertad te conduce a la libertad...

EL MURCIÉLAGO BUSCADOR
Todos estamos viajando .. ¿hacia dónde? Hay seres humanos que buscan y otros que, sin inquietudes, no lo hacen.
También hay murciélagos buscadores. La búsqueda del murciélago no es fácil, porque no ve. Sucede lo mismo con nosotros, los seres humanos: no vemos. Pero podemos llegar a ver.
¡Qué angustia la del murciélago buscador de nuestro cuento! Durante años llevaba intentando acercarse al sol para poder contemplar su luz maravillosa. Se lamentaba por su ceguera y sabía que si no podía ver el sol con sus ojos, podría llegar hasta él y fundirse en su calor y verlo así con los ojos del corazón. Sí, los murciélagos tienen corazón, y a veces más tierno que el de los humanos.
Al borde de la extenuación, sí, pero el murciélago seguía intentándolo. Recortándose su cuerpecillo contra el vasto horizonte, subía y subía, en un intento desesperado por unirse con el sol. Y con su ojo clarividente, un asceta vio al murciélago en sus denodados intentos y le dijo:
- Insignificante animal, aunque viajaras miles de años no podrías alcanzar el sol.

- Desiste.

- Lo que pretendes es tan absurdo como si una hormiga quisiera llegar a la luna.
El murciélago respondió:
- No te falta la razón.
- Pero no desistiré, jamás.
- Anhelo llegar al sol, y lo intentaré de por vida.
Volando sin descanso, las alas quebradas, el corazón exhausto. Eran años volando hacia el sol, ascendiendo hacia el astro poderoso. El murciélago se dijo:
- ¿No me habré despistado y habré sobrepasado el sol?
Una petulante ave oyó este comentario y dijo:
- Necio murciélago.
- Estúpido ciego.
- Tú no vas a ninguna parte.
- No haces otra cosa, en tu ceguera, que volar en círculos.
- Sin avanzar ni un sólo centímetro.
- Yo, que veo, sí podría ir al sol cuando quisiera.
- Pero tú ya no tienes ánimo.
- Estás abatido; la desesperación te gana.
Y entonces el murciélago dijo irónicamente:
- Es curioso, amiga, yo ni siquiera tengo ojos para ver en el exterior.
- Tú tienes una mirada capaz de ver en el interior de los seres.
- ¡Qué afortunada eres!
Siguió volando, volando. Lo intentó a lo largo de toda su vida, con un anhelo inquebrantable. Murió en el intento, sí, pero cuando su pequeño cuerpo iba a precipitarse en el vacío, nada más morir, un rayo de sol lo alcanzó y lo atrajo hacia el seno del sol y se fundió con él.
El ave, sin embargo, aún viendo sigue sin ver. Vuela de espaldas al sol y cada día está más distante del maravilloso disco solar.
Cuentos Espirituales del Tibet



martes, 27 de marzo de 2012

¿Realmente estás atado...?

LA CARAVANA DE LA LIBERTAD
Una larga caravana de camellos avanzaba por el desierto hasta que llegó a un oasis y los hombres decidieron pasar allí la noche. Conductores y camellos estaban cansados y con ganas de dormir, pero cuando llegó el momento de atar a los animales, se dieron cuenta de que faltaba un poste. Todos los camellos estaban debidamente estacados excepto uno. Nadie quería pasar la noche en vela vigilando al animal pero, a la vez, tampoco querían perder el camello.
Después de mucho pensar, uno de los hombres tuvo una buena idea. Fue hasta el camello, cogió las riendas y realizó todos los movimientos como si atara el animal a un poste imaginario. Después, el camello se sentó, convencido de que estaba fuertemente sujeto y todos se fueron a descansar.
A la mañana siguiente, desataron a los camellos y los prepararon para continuar el viaje. Había uno, sin embargo, que no quería ponerse en pie. Los conductores tiraron de el, , pero el animal no quería moverse. Finalmente, uno de los hombres entendió el porqué de la obstinación del camello. Se puso de pie delante del poste de amarre imaginario y realizó todos los movimientos con que normalmente desataba la cuerda para soltar al animal. Inmediatamente después, el camello se puso en pie sin la menor vacilación, creyendo que estaba libre.
Aunque el camello había estado libre todo el tiempo, se dejó convencer de que estaba atado. 
Desconocido

miércoles, 29 de febrero de 2012

Siempre con una ilusión

NO OLVIDES
Olvida los días nublados, pero no olvides tus horas de sol ni tus noches estrelladas.
Olvida los momentos en que fuiste derrotado, pero no olvides las batallas que has ganado.
Olvida los errores que no puedes cambiar, pero no olvides las lecciones que has aprendido ni lo tanto que enseñas.
Olvida los días en que has estado solo y triste, pero no olvides las sonrisas que has encontrado y tantas que encontrarás.
Olvida los planes que fallaron pero NUNCA olvides que debes tener siempre un sueño.
Desconocido


viernes, 24 de febrero de 2012

Sin miedo, sin culpa y en libertad...

LA FANTASMA
Durante años Hitoshi intentó - inútilmente - despertar el amor de aquella a quien consideraba ser la mujer de su vida. Pero el destino es irónico: el
mismo día que ella lo aceptó como futuro marido, también descubrió que tenía una enfermedad incurable y le quedaba poco tiempo de vida.
Seis meses después, ya a punto de morir, ella le pidió:
- Quiero que me prometas una cosa: que jamás te volverás a enamorar. Si lo haces, volveré  todas las noches para espantarte.
Y cerró los ojos para siempre. Durante muchos meses, Hitoshi evitó aproximarse a otras mujeres, pero el destino continuó irónico, y él descubrió un nuevo amor. Cuando se preparaba para casarse, el fantasma de su ex amada cumplió su promesa y apareció.
- Me estás traicionando - le dijo.
- Durante años te entregué mi corazón y tú no me correspondías -respondió Hitoshi - ¿No crees que merezco una segunda oportunidad de ser feliz?
Pero el fantasma de la ex amada no quiso saber disculpas, y todas las noches venía para asustarlo. Contaba con todo detalle lo que había sucedido durante el día, las palabras de amor que él había dicho a su novia, los besos y abrazos que se habían intercambiado.
Hitoshi ya no podía dormir, así que fue a buscar al maestro zen Bashó.
- Es un fantasma muy listo - comentó Bashó.
- ¡Ella sabe todo, hasta los menores detalles! Y ya está acabando con mi noviazgo, porque no consigo dormir y en los momentos de intimidad con mi amada me siento muy inhibido.
- Vamos a alejar este fantasma - garantizó Bashó.
Aquella noche cuando el fantasma retornó, Hitoshi lo abordó antes de que dijera la primera frase.
- Eres un fantasma tan sabio, que haremos un trato. Como me vigilas todo el tiempo, te voy a preguntar algo que hice hoy: si aciertas abandono a mi novia y nunca más tendré mujer. Si te equivocas, has de prometer que no volverás a aparecer, so pena de ser condenado por los dioses a vagar para siempre en la oscuridad.
- De acuerdo - respondió el fantasma, confiada.
- Esta tarde estaba en el almacén y en un determinado momento cogí un puñado de granos de trigo de dentro de un saco.
- Sí, lo vi - dijo el fantasma.
- La pregunta es la siguiente: ¿cuántos granos de trigo tenía en mi mano?
El fantasma en ese instante comprendió que no conseguiría jamás responder la pregunta. Y para evitar ser perseguido por los dioses en la oscuridad eterna, decidió desaparecer para siempre.
Dos días después Hitoshi fue hasta la casa del maestro zen.
- Vine a darle las gracias.
- Aprovecha para aprender las lecciones que hacen parte de esta experiencia– respondió Bashó.
"En primer lugar, aquel espíritu volvía siempre porque tenías miedo. Si quieres alejar una maldición, no le des la menor importancia."
"Segundo: el fantasma sacaba provecho de tu sensación de culpa: cuando nos sentimos culpables, siempre deseamos - inconscientemente - el castigo."
"Y, finalmente: nadie que realmente te amara te obligaría a hacer ese tipo de promesa. Si quieres entender el amor, aprende la libertad."
Paulo Coelho


lunes, 20 de febrero de 2012

Juntos, pero no atados...



LA PARÁBOLA DEL MATRIMONIO

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu. 
- Nos amamos - empezó el joven.
- Y nos vamos a casar - dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.

- Por favor - repitieron - ¿hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo...- dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no sé...es una tarea muy difícil y sacrificada.
- No importa - dijeron los dos-. Lo que sea - ratificó Toro Bravo.
- Bien -dijo el brujo-. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
- Y tú, Toro Bravo - siguió el brujo - deberás escalar la Montaña del Trueno; cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante  mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta...¡salgan ahora!.
Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur.... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. 
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

- ¿Volaban alto?- preguntó el brujo. 

- Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿y ahora? - preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No - dijo el viejo-.
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne - propuso la joven-.
- No - repitió el viejo-. Harán lo que les digo: Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero solo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse. 
Este es el conjuro...
-Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados.
Desconocido

lunes, 30 de enero de 2012

Si es un problema...fuera

EL FLORERO DE PORCELANA  
El Gran Maestro y el Guardián se dividían la administración de un monasterio Zen. Cierto día, el Guardián murió, y fue preciso sustituirlo.
El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría la honra de trabajar directamente a su lado.
- Voy a presentarles un problema -dijo el Gran Maestro- y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.
Terminado su corto discurso, colocó un banquito en el centro de la sala. Encima estaba un florero de porcelana carísimo, con una rosa amarilla que lo decoraba. 
Éste es el problema -dice el Gran Maestro -resuélvanlo-.
Los discípulos contemplaron perplejos el "problema", por lo que veían los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?
Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el "problema", hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al maestro y a los alumnos, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.
¡¡¡ Al fin alguien que lo hizo!!! - exclamó el Gran Maestro. -Usted es el nuevo guardián.
Al volver a su lugar el alumno, el Gran Maestro explicó: 
Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un "problema". No importa cuán bello y fascinante sea el problema; si es un problema tienen que ser eliminado.
Desconocido

miércoles, 18 de enero de 2012

Aprender no es imitar...

LA MAESTRA
Hace años, un inspector visitó una escuela primaria. En su recorrido observó algo que le llamó poderosamente la atención, una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían gran desorden; el cuadro era caótico.
 Decidió presentarse: - Permiso, soy el inspector de turno ¿algún problema?
-Estoy abrumada señor, no sé qué hacer con estos chicos… No tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles…
El inspector, que era un docente de alma, vio un corcho en el desordenado escritorio. Lo tomó y con aplomo se dirigió a los chicos: -¿Qué es esto?
-Un corcho señor… -gritaron los alumnos sorprendidos.
-Bien, ¿de dónde sale el corcho?
-De la botella señor.
-Lo coloca una máquina.
-Del alcornoque, de un árbol…. de la madera…, -respondían animosos los niños.
-¿Y qué se puede hacer con madera?, -continuaba entusiasta el docente.
-Sillas…, una mesa…, un barco…
-Bien, tenemos un barco. ¿Quién lo dibuja? ¿Quién hace un mapa en la pizarra y coloca el puerto más cercano para nuestro barquito? Escriban a qué provincia española pertenece. ¿Y cuál es el otro puerto más cercano? ¿A qué país corresponde? ¿Qué poeta conocen que allí nació? ¿Qué produce esta región? ¿Alguien recuerda una canción de este lugar?
Y comenzó una tarea de geografía, de historia, de música, economía, literatura, religión etc.
La maestra quedó impresionada. Al terminar la clase dijo conmovida: -señor nunca olvidaré lo que me ha enseñado hoy. Muchas gracias.
Pasó el tiempo. El inspector volvió a la escuela y buscó a la maestra. Estaba acurrucada atrás de su escritorio, los alumnos otra vez en total desorden.
-Señorita que pasó ¿no se acuerda de mí?
-Sí señor, ¡cómo olvidarme! Qué suerte que regresó. No encuentro el corcho. ¿Dónde lo dejó?
Isabel Aschauer


martes, 17 de enero de 2012

Busca dentro de ti...

LA LLAVE DE LA FELICIDAD

Cuenta la leyenda que hace millones y millones de años, cuando recién se había creado el Universo, se reunieron todos los dioses para contemplar su obra, y extasiados por tanta belleza y perfección no pudieron evitar caer en la tentación de la presunción, es por lo que decidieron crear al hombre para que este le envidiara y admiraran su poder.

Entonces los dioses se dedicaron afanosamente a crear al hombre, y cuentan algunas religiones que lo hicieron tan a su imagen y semejanza, que lo dotaron de fuerza, valor, felicidad, inteligencia, sabiduría, etc., que llegaron a temer que se fundieran entre ellos y que en un momento dado los destituyeran y ocuparan su lugar, por lo que decidieron esconderle alguna de las virtudes con las que había sido creado.
¿Dónde podrían guardar la felicidad para que el ser humano no la encontrara?. 

Estuvieron reflexionando sobre ello mucho tiempo; cuando uno decía de esconderla en el pico de la montaña más alta, otro de los dioses le rebatía, diciendo que al haberlo dotado de fuerza y valor podría escalar esa montaña y encontrarla.

Cuando uno de ellos comentaba que tenían que esconder la felicidad en la sima más profunda de los océanos, otro le corregía diciendo que al ser humano le habían dotado de una gran inteligencia, y podrían inventar una máquina que se sumergieran en los mares y la podrían encontrar.

Cabía otra posibilidad esconderla en otra galaxia, -pero llegaría el día se dijeron unos a otros- en que el hombre exploraría el Universo, descubriría los agujeros negros y llegaría a las otras galaxias. ¿Qué hacer pues?.
En estas reflexiones andaban cuando uno de ellos -el más gordito y bajito- que había permanecido todo el tiempo en silencio, dijo:
Vamos a escondérsela dentro de ellos mismo, que siempre estarán tan ocupados en atesorar riquezas, conseguir el poder pensando que esto es lo que les dará la felicidad, que nunca se darán cuenta que dentro de ellos mismos está la llave de la felicidad.
Desconocido



jueves, 12 de enero de 2012

La verdad evita chantajes...

LA VENTANA
Durante el verano, Enrique y su hermana Carmen fueron a pasar unos días en la granja de sus abuelos. 
Como el niño no paraba quieto, su abuelo le dejó que jugara fuera y que practicara con su tirachinas. No lograba darle a ninguna de las latas que había preparado para hacer blanco. Desanimado regresó a la casa para la cena.
Mientras caminaba de regreso, vio un pato, al parecer el más querido por su abuela. Y, como un impulso, cogió el tirachinas y lanzó la piedra, sin pensar que podría acertar. Le dio al pato en la cabeza y cayó redondo. Él estaba impresionado y consternado. En un momento de pánico, escondió el pato muerto detrás de una pila. En ese momento vio que su hermana lo estaba observando. Carmen lo había visto todo, pero no dijo nada. Después del almuerzo del día siguiente, la abuela dijo:
- Carmen, vamos a lavar los platos.
Pero Carmen dijo:
- Abuela, Enrique me ha dicho que él quería ayudarte en la cocina.
Luego le susurró a él:
- ¿Recuerdas lo del pato?
Así es que Enrique lavó los platos.
Más tarde, ese mismo día, el abuelo les preguntó a los niños si querían ir a pescar, y la abuela dijo:
- Lo siento, pero necesito que Carmencita me ayude a hacer la compra.
Carmen sonrió y dijo:
- Bueno, no hay problema, porque Enrique se muere por ayudar a la abuela con la compra.
Ella, de nuevo, se acercó a su hermano y en voz baja le dijo:
- ¿Recuerdas el pato?
Así es que Carmen se fue a pescar y Enrique se quedó ayudando.
Después de varios días en los que Enrique hacía tanto sus tareas como las de su hermana, no aguantó más y decidió poner fin a lo que le estaba fastidiando las vacaciones. Le confesó a su abuela que había matado al pato.
La abuela reaccionó rápido, abrazó a su nieto y le dijo:
- Corazón, ya lo sé. Sabes, yo estaba en la ventana cuando sucedió y vi todo lo que pasó. Pero, porque te quiero, te perdono. Sólo me preguntaba cuánto tiempo tardarías en decidirte y en permitir que tu hermana Carmen te hiciera chantaje. Nunca hay que tener miedo a decir la verdad, además siempre puede haber alguien que te vea por la ventana.
Desconocido


miércoles, 11 de enero de 2012

¿Vale la pena?...

DOS NÚMEROS MENOS


   Un hombre entra en la zapatería, un vendedor amable se le acerca:
—¿En qué lo puedo servir, señor?
—Quisiera un par de zapatos negros como los de la vidriera.
—Cómo no, señor. A ver, a ver... el número que busca...debe ser... 41, ¿verdad?
—No, quiero un 39, por favor.
—Disculpe, señor, hace veinte años que trabajo en esto y el número suyo debe ser 41, quizás 40, pero... ¿39?
—39 por favor.
—Disculpe, ¿me permite que le mida el pie?
—Mida lo que quiera, pero yo quiero un par de zapatos 39. El vendedor saca de un cajón ese extraño aparato que usan los vendedores de zapatos para medir pies y con satisfacción, proclama:
—¿Vio? Como yo decía: ¡41!
—Dígame ¿quién va a pagar los zapatos usted o yo?
—Usted.
—Bien, entonces ¿me trae un 39?
   El vendedor, entre resignado y sorprendido, va a buscar el par de zapatos número 39. En el camino se da cuenta de lo que pasa: los zapatos no son para él, seguramente son para hacer un regalo.
—Señor, aquí los tiene: 39 negros.
—¿Me da un calzador?
—¿Se los va a poner?
—Sí. Claro.
—Son... ¿para usted?
—¡Sí! ¿Me trae el calzador?
   El calzador era imprescindible para conseguir hacer entrar ese pie en ese zapato. Después de varios intentos y de ridículas posiciones, el cliente consigue meter todo el pie dentro del zapato. Entre ayes y gruñidos camina algunos pasos, con dificultad, sobre la alfombra.
—Está bien. Los llevo.
   El vendedor siente dolor en sus propios pies de sólo imaginar los dedos aplastados dentro del 39.
—¿Se los envuelvo?
—No, gracias. Los llevo puestos.
   El cliente sale del negocio y camina, como puede, hasta su trabajo.
   El hombre trabaja de cajero en un banco. A las cuatro de la tarde, después de haber pasado más de seis horas parado dentro de esos zapatos, su cara está desencajada, tiene las conjuntivas inyectadas y las lágrimas caen copiosamente de sus ojos.
   Su compañero, de la caja de al lado, lo ha estado mirando toda la tarde y está preocupado por él:
—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?
—No. Son los zapatos..—¿Qué pasa con los zapatos?
—Me aprietan.
—¿Qué pasó? ¿Se mojaron?
—No, son dos números más chicos que mi pie...
—¿De quién son?
—Míos.
—No entiendo. ¿No te duelen los pies?
—Me matan, los pies.
—¿Y entonces?
—Te explico –dice, tragando saliva—. Yo no vivo una vida de grandes satisfacciones, en realidad, en los últimos tiempos tengo muy pocos momentos agradables.
—¿Y?
—Yo me mato con estos zapatos. Sufro muchísimo, es verdad... Pero dentro de unas horas, cuando llegue a mi casa y me los saque... ¿Te imaginas el placer?... Qué placer, loco... ¡Qué placer!
Jorge Bucay

miércoles, 4 de enero de 2012

Cómo cambia el amor...

LA MIRADA DEL AMOR

     El  rey estaba enamorado de Sabrina: una mujer de baja condición a la que el rey había hecho su última esposa.
     Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar que la madre de Sabrina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina subió al carruaje y corrió junto a su madre.
     A su regreso, el rey fue informado de la situación.
-¿No es maravillosa?-dijo-. Esto es verdaderamente amor filial. ¡No le importó su vida para cuidar a su madre! ¡Es maravillosa!
    Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo fruta, llegó el rey. La princesa lo saludó y luego le dio un mordisco al último durazno que quedaba en la canasta.
-¡Parecen ricos!-dijo el rey.
-Lo son- dijo la princesa y, alargando la mano, le cedió a su amado el último durazno.
-¡Cuánto me ama!-comentó después el rey-, renunció a su propio placer, para darme el último durazno de la canasta ¿no es fantástica?-
  Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión desaparecieron del corazón del rey.
   Sentado con su amigo más confidente, le decía: -nunca se portó como una reina…¿acaso no desafió mi investidura usando mi carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida.
Jorge Bucay


martes, 3 de enero de 2012

La creatividad...



EL PEQUEÑO NIÑO

Una vez un pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.
Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: -Hoy vamos a hacer un dibujo-.
-Qué bien- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.

Pero la maestra dijo: -Esperad, no es hora de empezar-, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Cuando ya estaban todos listos dijo: –Ahora vamos a dibujar flores-.

-¡Qué bien! -pensó el niño, -me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.
Pero la maestra dijo: -esperad, yo os enseñaré cómo-, y dibujó una flor roja con un tallo verde.
El pequeño niño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.
Otro día, cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: -Hoy vamos a hacer algo con barro-
-¡Qué bien!- pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.
Pero la maestra dijo: -Esperad, no es hora de comenzar- y esperó a que todos estuvieran preparados. Cuando todos estaban ya listos dijo: -Ahora vamos a moldear un plato.
-¡Qué bien!- pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo: -Esperad, yo les enseñaré cómo-, y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato.
 -Aquí tienen-, dijo la maestra, -ahora pueden comenzar.
El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela.
En su primer día de clase, la maestra dijo: -hoy vamos a hacer un dibujo-.
-¡Qué bien!- pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba por la clase.
Cuando llegó hasta el pequeño niño ella le dijo: -¿no quieres empezar tu dibujo?-
-Sí-, dijo el pequeño, -¿qué vamos a hacer?
-No sé, hasta que tú no lo hagas...-, dijo la maestra.
-¿Y cómo lo hago?- preguntó.
-Como tú quieras- le respondió.
- ¿Y de cualquier color?-
-De cualquier color- dijo la maestra. -Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo?-
-Yo no sé-, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.
Helen Buckley